Estos datos son corroborados en un 50% por diversas fuentes. Otros, son calculados a bote pronto.
Hora de comienzo de la Vela: 9:00 PM
40 puestos en la Vela Grande.
38 socios
Cada puesto lleva 100 sillas para 100 personas.
40% mujeres por cada puesto.
60% hombres.
100 invitados se quedaron parados.
Aproximadamente hubieron 6000 personas.
Cada invitado hombre lleva un cartón de cerveza.
El puesto estándar consigue 50 cartones de cerveza.
Número de cuartitos por cartón: 20.
Número de cartones conseguidos: 50.
Número de cartones con los que comienza el dueño del puesto: 10.
Número de cervezas que se reparten por puesto: 1200.
Número de cervezas en TODA la vela: 45,600.
Costo de cada cartón de cerveza: $ 140
Aumento de precio del cartón de cerveza durante las Velas: 20%
Dinero devengado por esa cerveza: $ 300,000.
Botellas de licor que la Corona permitía introducir a la Vela: 0
Botellas que se introdujeron de contrabando: un chingo.
Cada invitada mujer lleva limosna. Las cantidades varían desde $50, $100 hasta $150 o $200.
Cantidad recogida por puesto: $2500.
Kilos que pesa el traje regional: muchos.
Cada hombre gasta $200 durante cada vela (taxi, cartón, cigarros).
Cada mujer gasta $300 durante la vela (taxi, peinado, limosna).
Temperatura ambiente: 35°C
Temperatura ambiente en la pista de baile: 41°C
Porcentaje de personas bailando durante la Vela: 70%
2 grupos musicales.
$120,000, costo del grupo "grande" que suele ser extranjero o nacional.
$28,000 costo del grupo local.
6 baños para hombres.
4 para las damitas.
Total de dinero (gastos, costos, inversión) devengada durante toda la Vela: $ 1, 000, 000
4000 platos de botana.
2 toneladas de basura.
12 policías cuidando la fiesta.
8 pleitos.
15 personas heridas.
0 muertos.
5 balazos detonados.
200 personas permaneciendo hasta el final.
6:00 AM hora de terminación de la Vela.
La visión irreverente de dos tecos, uno de nacimiento y otro de adopción, sobre los binni záa, su tierra y sus costumbres. Ironía, desmadre, chelas y la fiesta juchiteca.
domingo, 27 de mayo de 2012
viernes, 25 de mayo de 2012
REGADAS
Continuando con las
aportaciones textuales en esta humilde pero colorida sección, seguiremos
hablando del mes de mayo en Juchitán, mes que aguardamos con ansiedad y del que
ansiamos su larga duración aunque no se pueda.
En la última semana
de mayo, ocurren muchas cosas: desde una borrachera en el diablo de un amigo
hasta la boda de quien sea. Y por supuesto las Velas. El cielo nublado y el
aire caliente me hacen recordar que mayo es uno de los meses más calurosos del
año pero el estallido de los cohetes me recuerdan que es “Fiesta Pueblo” y
están indicando por donde viene la REGADA.Gracias a que mis
abuelos viven en el centro de esta ciudad, nunca me pierdo ninguna de ellas.
Las REGADAS son paseos que se hacen después de cada vela. En ella desfilan, a pie, los mayordomos entrantes y salientes de la fiesta, seguidos por mujeres que cargan velas y flores para el santo patrono del pueblo. Detrás de ellos, vienen carros grandes decorados con flores, arreglos y figuras de muchos colores que llevan a mujeres invitadas por la capitana de la vela, mujer de máximo poder en el desfile. Una cabalgata de hombres y mujeres acompañan a los capitanes mientras todos dan regalos a los espectadores al compás de la música tradicional que marca el ritmo entre gritos y mucha algarabía.
(Fotografía de Armando Vázquez)Me gusta el colorido de las imágenes de estos paseos multicolores en donde circula el mezcal para los hombres que cargan Coroz y caguamas para el Pito Nissiava que acompaña con música a los mayordomos. Las capitanas se abren paso con sus carros adornados con flores entre personas que gritan los ya famosos “dame uno muchacha” y los hombres en caballos tratando de poner sus mejores caras mientras hacen gala de su equilibrismo para poder aventar los regalos que llevan en sus manos a la vez que tratan de dominar al animal. Las regadas deberían convertirse en un deporte nacional: tienes que hacer uso de reflejos sobrehumanos, los cinco sentidos multiplicados por diez y elevados a la décima potencia en el caso de los que arrojan regalos. Mientras que la habilidad para saltar más alto que las demás personas, estirarte para alcanzar el jabón de barra que bien te vale 5 pesos pero aquí te lo están regalando, el esquivar proyectiles como latas de chiles y botes de cloro que están guardados en finas bolsas de plástico, como agarrar una bolsa de sopa sin que se reviente en tu mano y que no quede todo regado en el piso, los paquetes de galletas MARIAS que son tan delicadas que cuando tocan la mano del rival se convierten en un fino polvo, esto en el caso de los transeúntes que esperan la regada y que buscan atrapar cualquier regalito. El lugar en donde vayas a ver este acontecimiento debe de ser especial: cada familia sabe dónde se coloca la otra, los posibles rivales se acercan a conversar del día en el trabajo, de cómo está la familia, nadie sabe contra quien tendrás que pelear por una cubeta y todos sabemos a qué venimos.
Las regadas tienen
su toque de riesgo ya sea para las personas que pertenecen al paseo o los
espectadores que pueden sufrir desde unos moretones leves hasta una contusión
gracias a que alguien arrojó algo que golpeó en la cabeza a la muchacha que
estaba distraída mirando donde va a caer la varilla de carrizo del cohete que
acaba de hacer explosión. Por eso les digo querido lector que en este tipo de
actos debes de hacer uso de todos tus sentidos, los propios y los impropios:
desde quitarle un vaso a una niña de 10 años por que se descuidó hasta pelearte
con tu vecino por una palangana. Al terminar todo queda en risas y en pechos
hinchados de orgullo por los objetos obtenidos. Todo regresa a su normalidad
para esperar la regada del siguiente día…
Don Puerco Chancho
jueves, 24 de mayo de 2012
20 recomendaciones para sobrevivir y disfrutar una vela.
¿Vas a una vela? No importa si eres virgen
y ésta sea tu primera vez o si ya conozcas los tejemanejes de estas fiestas
tradicionales que se realizan en todo el istmo de Tehuantepec y que Juchitán ha
hecho famosas; sólo sigue estos consejos para no morir (borracho) en el
intento.
1.- Come bien.
2.- Ingiere
líquidos.
En las velas predominan un par de cosas: mujeres
guapas en traje regional y cervezas. La mayoría de las veces, las segundas son
más mortíferas que las primeras (a menos que se le ponga el cuerno a la mujer
en la vela). Para esto hay que ir preparado; antes de la vela, se tiene que
comer bien. Seamos honestos, la botana no alcanza o es poca para la bola de
invitados (más los chayotes y gañotes que van de colados a tomar pues es de ley
que, si hay botana, se les dé un plato).
Tampoco te vayas a atascar antes porque luego no te va a caber en el
estomago ni una empanada. Hay personas que no comen porque piensan que en la
vela van a comer. Craso error. La cerveza es más que la botana y el efecto del
alcohol en un estomago vacío o medio vacío es fatal. Usted no quiere quedarse
dormido/tirado en el suelo para ser la burla de los paisanos y quedar en
calidad de bulto, ¿o me equivoco?
3.- Lleva
ropa cómoda.
Nada de modelitos apretujados para los
hombres o posmodernos para las mujeres. En cualquiera de los casos, te
garantizo sufrimiento debido a las temperaturas infrahumanas que se desarrollan
al calor de las velas.
4.- Lleva
la ropa que se pide en el “reglamento”.
Empecemos por las mujeres que son las que
tienen más las de perder aquí. La vestimenta de las féminas (el traje regional
o de gala) se compone del huipil que puede ser de terciopelo o de piel de
ángel. Las flores que adornan el huipil están hechas de hilo para bordado. Hay
huipiles de cadenilla siendo la cadenilla el modelo más sencillo. De ahí sigue el refajo hecho de popelina o de
tela de algodón con encaje que va antes
de la enagua. La tela de la enagua puede ser de diferentes tipos de tela: chiffon,
seda con flores y/o colores vistosos. En dónde acaba la enagua remata el olán
de poliestireno, la mayoría de las veces. Digo que tienen las de perder por que
la ropa pesa mucho y los materiales en el cuerpo producen calor de más para
la/él que las usa. Aquí recomiendo que usen algo cómodo y sencillo. De todos
modos las mujeres se ven guapas en traje regional (la verdad no he usado traje
regional, pero me dicen que da calor usándolo, y si es de terciopelo no da
calor, da muchísimo calor, por lo que dicen). Los hombres llevamos guayabera,
camisa de manta o camisa (de preferencia usa guayabera) y pantalón negro. Para
nosotros es más fácil aunque hay que procurar no perder el estilo
desabotonándose la parte de arriba para aparentar ser un mirrey (lo único que
vas a lograr es verte como un estúpido).
En la mayoría de las velas hay un cierto
reglamento, un código que difícilmente se quebranta: tienes que llevar traje
regional o traje de gala para las mujeres, guayabera y pantalón negro para los
hombres, OBLIGATORIAMENTE. Si no los llevas no puedes acceder, aunque lleves tu
cartón de cerveza. No digamos que la seguridad es cómo la de las discotecas de
categoría dónde hay gorilas de dos metros con mal genio, pero de que no pasas
no pasas. Evita vergüenzas y lleva la ropa que piden los socios y mayordomos de
la vela en cuestión.
5.- Si ya fuiste a una fiesta el día anterior o
el mismo día y no te crees lo suficientemente apto para una vela, NO VAYAS.
En la última semana de mayo se celebran las
velas de mayor renombre y, lo peor de todo, ocurren una tras otra. Hay
valientes e idiotas que tratan de ir a todas las velas y no miento, A TODAS. El
grado de complejidad para esta actividad es casi imposible sin sufrir un daño
psicológico y físico del que se llevará semanas, tal vez meses, recomponerse
(créanme, yo sé lo que les digo). Además, Juchitán es un lugar de fiesta. Si no
es una vela es otra cosa: algún quinceaños, boda, cumpleaños, divorcio, robada,
etc. Valore cuál es el evento más importante para usted querido lector y
diviértase con responsabilidad.
6.- Evita
moverte de un lugar a otro cuando estén bailando Chitú o alguna de esas madres
posmodernas que tocan los grupos musicales.
Las velas son amenizadas por grupos
musicales locales, de la región o internacionales. Cuando tocan, las personas
se levantan de sus asientos y se ponen a mover el bote. Si no va a bailar, no
se mueva de su lugar. La masa de gente bailando es prácticamente inexpugnable y
no dejará que te dirijas a tu destino pues ellos están en su rollo bien chévere
sudando la gota gorda y no les importa si vas a comprarte un cigarro o vas a
buscar a tus cuates, te pueden tirar o apañar algo como tu celular o tu reloj.
Quedas avisado.
7.- Lleva
cartón y limosna.
Obligatoriamente tienes que entrar con
cartón a la vela. Hace unos años podías entrar con una botella de licor
cualquiera (aunque fuera Tonayan) pero la Corona es una mafia como pocas en el
Istmo, por lo que no va a dejar que tomes otra cosa que no sea SU cerveza. Semanas
antes se arreglan con los mayordomos y cierran el trato. Es costumbre llevar
cartón (Corona, por supuesto) y entregarlo a la persona que te invitó, luego
sentarte y que te den ampolletitas hasta que te sientas mareado y digas
incoherencias. Claro que está la opción de tomar agua o refresco, aunque esto
deja de ser una opción en un rato cuando ya sólo queda cerveza. Las mujeres
llevan limosna y también es una costumbre. La limosna se llama así a la
cooperación voluntaria que apoya el gasto de la persona que tiene el puesto. Pueden
ser cincuenta, cien o hasta ciento cincuenta pesos. Si no llevas cartón o
limosna al puesto que te invitó van a hablar mal de ti y corres el riesgo de
que ya no te vuelvan a invitar otra vez.
8.- Saber
a quién estás invitando o quienes se encuentran en el puesto al que acudes.
Cuando te invitan a un puesto o visitas
otro puesto en el cual están tus amigos o familiares, puede haber gente que te
caiga en la punta del hígado. Juchitán es pequeño y todos nos conocemos. Infórmate.
No vayas a pasar un mal rato, ve a
disfrutar la fiesta.
9.- Tener
un punto de encuentro o saber a dónde vas.
El número de paisanos y fuereños que
asisten a las velas son demasiados y se acomodan como pueden en el poco espacio
que se les da. Las sillas apretujadas con la gente platicando acaloradamente,
la botana, el campo hecho de botellas debajo de los asientos de madera y la
música vuelven caótico encontrar el puesto de la persona que te invitó. Pregúntale
antes donde se ubica su puesto para que sea fácil la localización. Otra cosa,
si vas con amigos, quédate de ver en un lugar específico. Luego, apuesto mi
limosna, no los encontrarás en el gentío.
10.-
Una vela no se disfruta borracho, toma
lo suficiente.
Si quieres conservar esos bellos recuerdos
de la vela, no te emborraches. Si quieres amanecer tranquilo sabiendo que no
robaste mujer o embarazaste a alguna, no te emborraches. Si no quieres que te
hagan feo cuando saques a bailar a alguien, no te emborraches. Si no quieres
pelearte por alguna nimiedad, te boten de la vela y no te dejen ingresar otra
vez, no te emborraches. Toma lo que creas suficiente. Si tienes aguante,
¡felicidades! Si no lo tienes, pues ni modos, controla el número de cuartitos,
al cabo que velas hay bastantes.
11.- Conoce
gente. Haz nuevos amigos.
Las velas están cambiando con los tiempos.
Pasaron de ser un evento cultural a ser un evento social en donde los políticos reafirman su poder y
tratan de capturar simpatias y adeptos para su partido y los empresarios
cierran tratos de millones de pesos para su beneficio. Pero también son un
punto de encuentro para todos los estratos sociales; desde el más pobre hasta
el más rico acude a las fiestas de mayo en Juchitán. Es el lugar perfecto para
entablar una plática amena al calor de las frías cervezas. No tengas miedo e
interactúa un poco. En caso contrario,
no vayas pinche ForeverAlone.
12.- Llega
y vete en taxi.
Vamos ahora con el problema del
estacionamiento. Los preparativos para la vela comienzan desde la madrugada. A
las cinco de la mañana la gente ya deja estacionado su coche y no lo mueven hasta
cuando acaba la fiesta (al día siguiente). Consideremos ahora la cantidad de
las personas que van a la vela y llevan vehículo, eso sin contar el tráiler de
la empresa cervecera y los camiones que llevan el equipo del grupo musical. Encontrar un lugar para
aparcar el carrito en el que vienes es complicado. Los lugares disponibles son
calles o cuadras muy alejadas de la vela. Toma un taxi.
13.- Ve
con amig@s.
Ir sólo no es el plan. Trata de ir con
amigos o conocidos con los que sepas que te vas a pasar un buen rato. No es
nada bueno pasar tres horas (o las que decidas quedarte en la vela) sentado
como quien no quiere la cosa. Vas a terminar aburriéndote y, lo sé, travies@,
tú no quieres eso.
14.- Llega
a buena hora.
Esto es cómo el antro: no llegues cuándo
todo comienza; no va a haber mucha gente y no todos los invitados han llegado.
Tampoco te aparezcas tarde; para esas horas ya se hicieron grupitos, la
muchacha que te gusta o el chavo al que le traes ganas de seguro ya peinó el
terreno y encontró a otro partido, ya se pusieron borrachos todos y tú eres el
único lastre que no lo disfruta del todo. La vela recibe gente a partir de las
9. Llega dos horas o una hora y media después.
15.- Baila.
Desinhíbete. Tus amigas o las amigas de
otros van a querer bailar. O los amigos. Si te gusta alguien, la costumbre es
sacarl@ a darle brillo a la pista para que se pueda platicar un poco mientras
se baila (aunque eso sea imposible por el ruido de la música).
16.- Haz
ambiente. Crea el ambiente.
Si te sientes triste o vas en "mal
plan" no conviene ir a la vela; te van a hacer a un lado y quedas cómo un
apestado. Saca plática, ríete, baila y diviértete. (Puntos 8, 10, 11, 13 y 15)
17.- Se
precavido a la hora de ir al baño.
A la vela acuden miles de personas. En la
fiesta dedicada a San Vicente Ferrer (lado norte) se cuentan más de 6000
personas; algo irónico porque hay dos baños para esas seis mil personas. ¡DOS
BAÑOS! A veces ni eso hay. Los hombres borrachos o no, juegan a atinarle a la
taza del baño (accion que se logra, al parecer, muy pocas veces) y esto es un
predicamento para los que quieren defecar. Lleva papel de baño. Te será útil
para limpiar el borde de la taza y limpiarte (nunca hay). Con las mujeres no es
tanto problema. Eso sí, preparen su vejiga porque luego hay una cola de decenas
de féminas para ocupar el baño (recordemos que las mujeres se tardan horrores
en el baño y ahora recordemos el complicado proceso de la enagua y el traje
regional).
18.- No
salgas sol@ de la vela.
Casos como violaciones, asaltos y
asesinatos han sucedido cuando una persona se aleja de la vela por su propia
cuenta. Estos hechos son aislados pero no está mal que lleves a un chaperón o
amigo que te ayude si hay problemas. No queremos que seas parte de una triste
aunque raquítica estadística.
19.- Olvídate
de la dieta.
Qué fea es una persona que va a la vela y
no come la rica botana ni toma porque "está a dieta". se le va a
hacer agua la boca con la comida que no puede probar y le va a dar sed así que recordemos que lo único que hay es cerveza y
refresco. Olvídate de cuidar la línea y prueba de todo, al cabo que no siempre
hay velas. Intenta bailar para perder las calorías que ganes tomando.
20.- Sigue los 19 puntos anteriores.
martes, 22 de mayo de 2012
CALENDA JUCHITECA
No sé porqué decido salir rápido de la vela viadxi.
No estoy aburrido, tampoco muy divertido. No he tomado una sola gota de alcohol por la gastritis inclemente que me tortura cada fin de semana. Los cuartitos de cerveza se amontonan debajo de las sillas de mis acompañantes y de unos españoles que, flipados para bien, beben, comen, bailan y se divierten en la vela del ciruelo, una de las más divertidas de la semana.
Es semana de velas, señores. Es el maratón Guadalupe Reyes de Juchitán. Sabido es que las velas son rasgo emblemático de esta heroica y alcohólica ciudad. Es la semana mayor. Es cuando la Corona hace su agosto en pleno mayo. Es la semana en donde el hígado, la resistencia, la profundidad amorosa y las relaciones son puestas a prueba. Son las Velas de Mayo de las que hablaremos en un futuro más extensa e informativamente.
No me distraigo. Tengo que darles a conocer la Calenda.
Un amigo se me acerca asustado. Me dice que le han robado el celular, la cartera y la pulsera de oro saliendo de la vela, justo a las puertas del panteón. Tienen que saber que la fiesta se hace en un campo deportivo al lado de un panteón vetusto. Los hombres tenemos que salir a orinar entre las tumbas y eso ya es una costumbre. Entre las fosas, más de uno se pierde. Entre ellas, más de uno sale asaltado. A mi amigo le ha pasado. Y sin triunfo.
Recuerdo a mi acompañante nuestra condición física pero un ángel enorme en forma de amigo fornido aparece para llevarnos a la casa de la persona que nos ha invitado a esa cosa misteriosa llamada calenda.
Según aquioaxaca.com, la calenda es definida así: Calenda.
Y básicamente es eso, sólo que con mucho, mucho, mucho alcohol. Lo que los estudios académicos, sociales y demás se olvidan en todo estudio acerca de los usos y costumbres de Juchitán es del componente alcohólico.
Les cuento.
Llegué con dolor de panza y aburrimiento infinitos a la casa del mayordomo de la calenda. Me sorprende que sea un hombre tan joven y más aún dispuesto a seguir una tradición que más bien me parece folclórica. Él está muy orgulloso de serlo y se le nota. Cuando siento ya tengo un café con piquete (mezcal, por supuesto, que aquí somos hombres) y un tamal de frijoles en la mano. Ante la reacción de mis amigos, engullo el tamal y reafirmo la reacción general. Están reputamente buenos.
El café da paso a una extraña bebida sabor jamaica. Es el chingorolo me dicen. Básicamente es un chingado tang de jamaica o de sabor indefinido diluído en una garrafa de mezcal, así que ya usted se imaginará.
La calenda comienza cuando la gente va llegando a la casa del mayordomo para acompañarlo en el recorrido por todo el centro de la ciudad. La gente se acerca, la banda de música está tocando a todo volumen, la calle se cierra, la calma de la madrugada es violada sin consideración, la gente toma, fuma, come, platica, sonríe.
Unos monigotes de unos cinco metros de largo comienzan a danzar. Son títeres enormes pero que manejan a su titiritero con una calma chicha. Dan risa cuando bailan juntos. La sexualidad no importa, una es vieja, el otro varón. Pero quienes los hacen bailar son dos hombres que están, evidentemente borrachos como para sacudirse de tal forma. La borrachera los hace pagar el precio. Los monos pesan unos veinte kilos así que, muy machitos, se ven obligados a descansar entre canción y canción.
El alcohol, el chingorolo pues, corre como río.
Partimos. Entre gritos y vivas a San Vicente, de repente, me veo extrañamente sorprendido gritándole a ese señor. Un santo católico que cargaba un saco y etcétera. No soy católico pero el chingorolo me hace olvidar. Grito más vivas y tomo más jamaica adulterada.
Los monos bailotean extenuados, la banda desafía al viento, las farolas se sacuden (aquí tengo que hacer un paréntesis que ustedes están leyendo: no me puedo explicar cómo las ancianas o las señoras pueden mantener su farola encendida, básicamente un carrizo, una vela y mucho papel celofán, mientras que una bola de zánganos "jóvenes" terminan con su carga incendiada entre risas malévolas; perdón por la interrupción), los carrizos se agitan. La música invita a bailar. O la euforia. O el folclor. O el chingorolo. O San Vicente. O Juchitán. O la misma dicha de estar vivo en medio de todo esto.
Ahí voy caminando y bailando y bebiendo en vasitos que se desparraman y corriendo y gritando y observando y aplaudiendo y viendo a quienes nos observan divertidos. Unos vamos más sobrios que otros. Unos más cansados. Otros más divertidos. Por allá nos ligan, por acá se ríen de nosotros, por acullá nos saludan de lejitos.
No sé qué cruz estoy cargando ni sé qué manda estoy pagando, me dice mi amigo de Salina Cruz que sudando, extenuado camina con los ojos desaforados producto de una escasa peatonización. Me río de su cansancio y de sus quejas. Y le señalo a una amorosa anciana y a su pareja, de unos cientocincuenta años entre ambos, que pronta, rápida y solícitamente nos siguen exactamente al mismo paso. La fe es más grande que el desmadre, me digo en una nota mental.
Que se me olvida con el siguiente puto vaso de chingoroloonoséquémierdasmeestándandoenestemomento.
Y veo como la calenda atrae a ríos de gente que salen de todos lados. A cientos de vecinos que se incorporan a esta marcha que no es política, que no es social, que no tiene propósitos más que profesar la admiración por un santón viejo pero bueno. Entre gritos y más vivas, la mirada antropológica y social se pierde entre el desmadre juchiteco. La observación se convierte en participación. Es imposible ser frío, estar aburrido y no divertirse en el caos organizado y precioso de una calenda.
Todo termina frente al atrio de la iglesia de San Vicente Ferrer. Pensaba que entraríamos y se me hacía sacrílego que una turba de cientos, quizá miles de paganos alcoholizados por una bebida exótica, fuéramos a rezarle al santo. No. Nos detuvimos justo en la cancha de la escuela Charis.
Y ahí entre todos los curiosos y exactamente a las seis y media de la mañana, unos toritos de fuegos artificiales asustan al respetable y provocan que los más borrachos o los más atrevidos salten a que ... etcétera... Acabo de ver el ojo morado de mi amigo, el más alcoholizado, que parpadea lloriqueando. Me sorprendo. Todos somos amigos aquí. Y...sin embargo. Más chingorolo
Todo termina con mi amigo y los monigotes bailando lambada en pleno parque central. Todos bailamos por mero desmadre, gozo, borrachera o vaya usted a saber. Son las siete de la mañana.
La calenda no ha terminado ahí.
Nos llevan a la casa del mayordomo que nos ha invitado a "desayunar", acto que consiste en básicamente chingarse los tamales recalentados y SÍ, SEÑORES, beber cerveza fría a las ocho de la mañana. Ya no hay café ni extrañabebida. Ahora es la pura y dura cerveza clara, helada que ya hace bastante calor. Pasan tres horas entre risas y desmadre teco. Acento y zapoteco. Son las once de la mañana y la banda sigue tocando sones istmeños ya nada más para acompañar a los últimos invitados de la parada: nosotros. Cada quien pide su canción, cada quien brinda con los músicos. La calenda termina cuando la última nota del son (o de la cumbia o del "Ai Se Eu Te Pego", porque aquí ya somos modernos) se escapa en plena mañana dominguera.
La borrachera apenas comienza (¿o termina?) pero eso ya no es calenda sino mera pasión etílica.
sábado, 19 de mayo de 2012
ENTRE CANTINAS
Juchitán es la tierra en donde nací y llevo viviendo gran parte de mi vida. Este lugar me
dio muchas cosas, desde buenos amigos hasta penas y condenas, amores bestiales y algún
que otro desliz de una sola noche. Pero no hablaré aquí de cuando estuve con una chica 12
horas en un motel de segunda mano llamado “Alpha” que ya no existe. Hoy nos toca hablar
de cantinas.
Las cantinas, a comparación de bares y los llamados antros, no son un lugar de ligue.
Muchísimo menos un lugar para llevar a tu novia. Es un espacio en dónde no irás a tomarte
un shot de colores amarillo o rosado. Es un espacio en dónde el beberte una media significa
escupir en la cara de tu compañero. Las cantinas juchitecas son rudas, mal olientes, con
mucho sudor y un toque de peligro. Siempre debemos de tomar en consideración el riesgo
que corremos al entrar a esos lugares del diablo, en donde no todo son golpes y peleas, sino
que también son lugares en donde podemos ir a curar penas y probar las cosas raras que te
sirven de botana.
Siempre vamos a lugares donde nos gusta estar. Comida, marca de cerveza y/o música,
creo, que son los factores que intervienen para la selección del lugar dónde iremos a
quitarnos las penas y beber sin control. La botana siempre es importante. Recuerdo ir a
lugares en donde te dan cosas tan simples que terminas aburriéndote como salchichas,
quesillo, los bien populares taquitos fritos, etcétera. Pero hay lugares en donde realmente
necesitas valor para probar lo que ahí te surten. Claro que a la quinta caguama ves las
cosas como realmente son: corazón, tripas, sangre, inmundicias varias; cosas que nunca
comerías en tu casa pero que en la cantina adquieren un contexto diferente, en donde nada
se desprecia y, mucho menos, nada se desperdicia.
La marca de cerveza, querido lector, siempre es algo que influye; más para las personas
que no nos consideramos “universales”. No tengo respeto para las personas que te
dicen “cerveza Sol, sí, pero que esté bien fría”, etcétera. En realidad están dando la razón de
que esa línea de cerveza sabe horrible y que sólo la pueden tomar cuando aquélla esté bien
fría. Cuando voy a una cantina siempre trato de que sea de la otra marca. Eso se debe a que
toda la vida he bebido Corona o porque estoy acostumbrado de que en las velas de mayo
siempre se consuma más esta marca, por lo que trato de ir siempre a los lugares Corona.
Pero si ponen realmente atención a cómo son las cosas, existen más cantinas de marca Sol
a la de marca Corona. No sé si esto sea bueno o malo pero es algo que me intriga. En una
cantina no puedes pedir una media; eso significa que tienes mucho varo y para eso están los
bares. En las cantinas se consumen las cervezas familiares, las bien conocidas caguamas
que bien o mal siempre alcanzan para las buenas compañías, los amigos y los colados.
Cerveza correcta. Buena botana. ¿Qué más falta? Pues buena música…
La música, un tema tan escabroso que no quería tocarlo, pero que es realmente importante.
Recuerdo que en alguna etapa de mi adolescencia escuchaba mucho del llamado “rock
nacional”, ya saben Tex Tex, Haragán, Bostik, etcétera. Por lo que siempre ando en caza de
viejos tiempos. Muchas cantinas cuentan con rocolas cuya música es tan variada que vale
la pena escucharlas (y quedarse ahí) aunque el servicio sea malo. Existen bares en donde
la música en vivo crea un aire íntimo ideal para llevar a una mujer; pero prefiero, siempre,
de la música de cantina. Aquí entra la magia de la variedad de géneros que te gusten y
puedas encontrar en estos artefactos; desde encontrar una cumbia guarra hasta un rock fresa como Interpol.
Una vez encontré rolas de Motorhead lo cual causó un asombro bastante
grato. Aunque siempre debes recordar que no estás solo y que alrededor de ti se encuentran
personas que están sufriendo o festejando; que después de unas cuantas cerbatanas bien
elásticas el odio se convierte en alivio y el rencor se convierte en risa por lo que tienes que
esperar a que la canción que pusiste suene y, mientras, te tienes que chutar las rolas de
los demás porque así está diseñado este sistema. Alguna vez recuerdo que en una cantina
relativamente pequeña en la que nos encontrábamos unas 8 personas, llenando el aforo,
una persona, amigo y conocedor, puso la rola “Hey Jude” de los Beatles; el coro del final es
peculiar y muy pegajoso entonces en ese lugar pequeño en donde podías oler el sudor de la
otra persona, el silencio fue roto por un grupo de alcohólicos coreando aquello de “lalala”
que tanta gracia nos hizo y que es un momento inolvidable de mi vida a pesar de que hayan
trascurrido ya más de 6 años.
Las cantinas son lugares de culto. Cuando entras y conoces el mundo alterno que se
encuentra en Juchitán a partir de las 11 de la mañana hasta las 9 de la noche sabes bien
que existen personas con tus mismos gustos, que sufren penas y gozan alegrías. Les debo
recordar que la variedad y la cantidad de cantinas en un lugar tan pequeño me asombra.
También me sorprende cómo se han convertido en parte de la historia de esta pequeña
ciudad; los usos y costumbres de las cantinas: desde las personas que nos atienden, la
mayoría de ellos homosexuales, hasta la forma peculiar de ganarte unas chelas más y todo
por la causa…
Don Puerco Chancho
viernes, 18 de mayo de 2012
EL TECO TECO.
miércoles, 9 de mayo de 2012
EL TECO ADOPTADO
Uno nace siempre dos veces. Y muere dos veces también. Nace uno, primero, en algún hospital o casucha asentados en alguna ciudad, pueblo o villa. Esa es la tierra de nacimiento que las circunstancias, el destino y tus padres te impusieron.
La segunda vez que uno nace es cuando uno escoge la tierra en donde enterrará su ombligo, donde hará raíces, donde asentará la roca que será su casa. Donde construirá los cimientos para una vida futura. Es entonces cuando uno nace otra vez.
Hace diez años vine por primera vez a Juchitán. No conocía la ciudad a pesar de haber nacido en Salina Cruz, ese polvoriento y decadente villorrio donde pasé una infancia común y corriente cuyos límites terrtoriales comprendían hasta Matías Romero. Juchitán no existió, jamás, en mi infancia y adolescencia. Después me fui al DF a vivir durante casi una década. Y ahí se formó la imagen clásica que todos, antes de conocerla, tenemos de la ciudad: la de los bloqueos y el desmadre, el caos y la rebeldía, la fuerza y la ignorancia, la lucha irracional y el pleito de cantina. Todo resumido en una frase lapidaria: "los tecos están locos". Esa frase conjuraba todo; Juchitán nos imponía respeto, provocaba chistes (mi padre contaba hilarantes chistes del General Charis en donde siempre éste fungía como un zopenco encantador, producto de su ignorancia) y generaba disgustos. Juchitán era la del guetabingui, los muxhes, los bloqueos de carreteras, el regateo en el mercado y las velas, esas fiestas excesivas.
Y luego estaba el acento. Todos reíamos del acento teco; nos burlábamos de ese acento espeso, mezcla de yucateco y sureño cojteño con raíces indígenas muy propias. El acento delataba al teco, al zapoteco que, orgullosamente, no lo ocultaba jamás. La paradoja de ser y pertenecer a través del lenguaje propio.
Todo el istmo tiene acentos diferentes. En Juchitán, el acento es único. Hable usted como teco en cualquier parte del mundo y, seguro, los binnizáa lo reconocerán. El acento, entonces, como señal indiscutible de nacimiento.
No tengo acento. Lo estoy adoptando, tengo que confesarlo.
Cuando llegué, hace ya diez años, lo hice con la nariz fruncida. Todo me provocaba repulsa y/o burla. Y entonces conocí al amor de mi vida. Caí enamorado. Sí, de un teco que me llevó a conocer absolutamente todos los ritos y costumbres, la parafernalia teca, las costumbres zapotecas. El amor por Juchitán creció de la misma forma que mi amor, carnal. Conocí poco, porque el ser zapoteco a veces eclipsa a la tierra misma. Es decir, ser teco es mejor que vivir en la ciudad. Se es teco, no se nace teco. Ser teco es una actitud ante la vida, una huella dactilar en el alma, es la esencia misma de la que debemos estar orgullosos. Es nuestra raíz, nuestro pasado. El amor por la persona se disipó, el amor por la ciudad siguió aumentando.
He estado aquí diez años y ya conozco más la ciudad; conozco a su gente, la comida, las costumbres, la vida misma. Pertenezco a esta ciudad con mucho honor y respeto. Los tecos, aquéllos que al principio me rechazaron con repudio acendrado, después me abrieron más que los brazos. Algunos, incluso me arroparon (y besaron)...
Los tecos me dieron la bienvenida, me invitaron a sus fiestas, me hicieron su vecino. Ahora, paso y saludo a todo el mundo y ellos me contestan el saludo. Ahora, la ciudad se abre para mí para enseñarme hasta su más recóndito rincón. Juchitán ya no es la ciudad bloqueada, tremebunda y violenta. Es una ciudad viva y dinámica, tremenda y vivaz, gozosa hasta la ignominia. La ciudad es, pues, la cuna perfecta para el perfecto teco.
Los tecos y su ciudad merecen respeto. Merecen también una mirada diferente. Amo tanto a esta ciudad y su gente que me encantaría hacer algo para ayudarla, para echar sobre ella una mirada diferente. Por eso, este proyecto en donde desde esta particularísima visión, trataré de echar un ojo a la ciudad que amo, donde vivo, donde pago mis impuestos. Mirar la ciudad que caminas, que recorres, que pisas. Y hacerlo con una mirada tierna no exenta de realidad. Juchitán es un crisol lleno de contradicciones y hay que señalarlas con ironía y humor: la gracia teca.
Soy el teco adoptado por esta ciudad y por su gente. Habemos muchos que vivimos en esta ciudad porque nos enamoramos de la misma. Gente extraviada que se encontró a gente buena que la aceptó sin malicia. Soy un teco por adopción, soy un teco por elección. Soy naturalizado teco, biche´.
Uno muere dos veces. Una en donde lo entierran y otra en la memoria de la ciudad que acunó a esa persona.
Renací en Juchitán. Ahora que me entierren en el Panteón "Domingo de Ramos", allá por la Zapandú...
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